Añorar lo vivido, es decir estancarse en el pasado provoca que los planes a futuro parezcan inexistentes, la depresión aparece sin poder evitarla, y se acrecienta. Es necesario superar los acontecimientos del ayer para comenzar a enfrentar el presente.
Esa nostalgia, que normalmente surge por un proceso de adaptación, al no haber logrado ese ajuste, se convierte en mecanismo de defensa (negación) que encierra mas allá del deseo por mantener vivo un recuerdo que ya no forma parte de la situación actual, refleja la incapacidad de enfrentarse a la nueva realidad.
Nada es eterno, y si consideramos que la vida se basa en experiencias, es necesario encontrar el aprendizaje en lo vivido, reflexionar sobre ello y trabajar en la superación, cerrar ese círculo para continuar con el trabajo de lograr los proyectos que en algún otro momento se habían planteado.
Es un trabajo que puede resultar un tanto difícil, y en ocasiones se necesitará tomar terapia para poder asimilarlo de forma efectiva, para lograr cuestionar los motivos que nos atan a ese pasado, los cuales nos han creado esa codependencia. No hay que olvidar que se puede iniciar una nueva relación, un nuevo proyecto laboral, dejar a un lado los problemas familiares, superar un divorcio o el duelo por la pérdida de un ser querido, pero es necesario encontrar esa fortaleza en nuestra persona para modificar los sentimientos que nos impiden avanzar.
Nunca es tarde para tratar de descubrir un futuro, aún mientras nos encontramos en el pasado.
Ofelia Balderas.
“Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá.”
Harold MacMillan (1894-1986) Político inglés.

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