
El juzgar es tener un pensamiento determinante, basado en la percepción que tenemos con respecto a las características de esa persona, objeto o situación, bases aprendidas en un contexto.
Nuestro aprendizaje en ese contexto juega un papel muy importante en nuestras opiniones, pues se ha convertido en una apreciación de la verdad, acompañada de sentimientos de desagrado, de aprobación inmediata, de satisfacción y/o de convencimiento.
Un ejemplo de creencia sería esta conversación entre dos amigos:
"Me voy de viaje y un amigo de la familia se quedará en mi casa", el amigo comenta: "¿Es de confianza, y si te roba?", en respuesta la otra persona dice: "Tiene mucho dinero, no tiene necesidad de robar"... la creencia aprendida fue que una persona que tiene dinero es incapaz de robar, la respuesta en mi parecer ideal, hubiera sido: "es un amigo de confianza".
Creemos en nuestros juicios por esa aceptación del contenido ante los que nos rodean, a esa opinión le otorgamos un valor y una justificación, para después generalizarla, en este sentido el juzgar no es más que una pretensión, que nos hace aceptar o rechazar. El problema con juzgar es el no permitir modificar esa percepción, y la única forma de modificar la percepción es tomarse el tiempo de analizar esos aspectos de nuestro juicio, permitir que nuestro pensamiento no sea algo definitivo, que pueda arriesgarnos, nos exponga, que dañe un proyecto laboral, una relación personal, o nos límite la oportunidad de adquirir nuevas experiencias.
Para modificar una creencia, es necesario cuestionar esos juicios ajenos, que los fundamentos sean reales, revisados concientemente, y así no los adoptemos como propios.
Ofelia Balderas.
“Pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente.”
Publio Siro. (Siglo I AC-?) Poeta dramático romano.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.




























0 comentarios:
Publicar un comentario